viernes, 2 de septiembre de 2011

Te has probado en mi

El silencio crece y la nohce arrinconada
tirita en la luz de una vela
no habrá azul, ni viento
no más estrellas
miro hacia el cielo y encuentro su sonrisa infantil
que jamás se apartó del ruido de las cosas
y afuera el mundo no da más vueltas
Solo mi piel se convierte en lluvia, en tierra
en árbol y en un tiempo que se entorpece en la memoria

Toma mi voz de tempestad, de ella caerá una llovizna
de mi sangre toma al hombre y abre tu corazón de abismo
para volar en sus infinitos reflejos
y déjame invadir el agua del rio
para recorrer los moldes terrestres
y agitar la majestuosa luna

Toma al ave que anidó en mi mirada buscando dimensiones celestes
y mirame caer al fondo del asombro
sin deseo, ni oscuridad ni verguenza
mi nombre será una oración complicada, un murmullo
y es tu final quien se ira conmigo

lunes, 11 de julio de 2011

"Anti-semblanza" por: Pablo Thiago Rocca, Montevideo, Uruguay (1965)

nada de esto yo viví / no hubo una enredadera

trepando el muro / en un patio del barrio la teja

las uvas no se desprendían / así

de la vieja parra / cuyos sarmientos no recogíamos

para la estufa /

en donde la noche no se demoraba /

yo no lo viví / no

nunca

sólo aquellas cosas lo recuerdan /

solas

desde un infinito de cielos perdidos



 

Pablo Thiago Rocca, Montevideo, Uruguay (1965)

lunes, 4 de julio de 2011

"La vieja señora de los canarios" (fragmento) por: JOsé Saramago

"Entonces la señora de los canarios va a sentarse en una silla en la marquise, con las manos abandonadas en el regazo, medio abiertas y vueltas las palmas hacia arriba como cáscaras de almendra, como barcas encalladas. Se queda muy erguida, mientras los recuedos comienzan a fluir como olas mansas que la sumergen y la inundan, que velan sus ojos hasta caer en las manos, que son como tazas de un jardín cerrado. La casa, en estos momentos, parece cubrirse de musgo.
Uno de los canarios lanza un tímido trino. El otro responde. Y como en la casa nada se mueve y la señora mira fijamente no se sabe qué, rompen los pajaros en un canto interminable, río sonoro que se arrastra en mil brazos por la llanura de silencio. La señora no se mueve. Quiza ni oye a los pájaros pero ellos cantan, cantan, cantan"

sábado, 2 de julio de 2011

Del oficio

En un controversial y malicioso escrito del siglo XIX, Spinoza define a las palabras como corderos de crianza, a los que se les procura la alimentación, el techo y el sustento. Y finaliza con la irrevocable sentencia de que algún dia crecerán y que deberemos de alimentarnos de sus fecundos resultados. Creo que todo filósofo es, desde entonces, oficialmente un vegetariano.